Te pasas la noche, inseguro.
Te preguntan, si las hojas de tu arbol son verdes.
Frente a frente, buscas las hojas tuyas.
Y no ofreces nada claro, nada oscuro.
Los pájaros no te alientan, por la mañana.
En tus ramas, la confianza no sustentan el tacto de la alegría que te corona.
Por eso tiemblas por la noche, no puedes cumplir lo que ofreces y la promesa de entregarte, es mirarte despacio en los colores que no eres.
Y entonces sucede que soy lo que soy, alumbrada puedo ser clara sin tu iluminación.
Pues tu luz no ha nacido, al darla y no tenerla, ya nada es gozo de ver, en la claridad, los sueños que transitan.
En el cielo su realidad, donde las hojas tuyas no existen y sucede el mar, donde se halla mi alma tendida.

Si te preguntas si vivo, salvada de tu oscuridad, (mi gozo tuyo), son perdidas entre tinieblas, de la necesidad de ti, olvidada en el sonido, de aquellas hojas muertas, pisadas al caminar, como un sonido antiguo, del que solo yo que soy verdad, conozco su sentido.
Y no hay preguntas que sepan de promesas, en respuesta a ti, que ya nada perturbas y pareces no existir.
Para esperar callada, el asombro de tus hojas muertas, esperando vivir, entre la luz de lo real y la responsabilidad de sus actos.
Nota.
A veces las palabras son propias y a la vez ajenas. Al igual sucede con las historias que cuentan, nada tienen de real, al no ser protagonistas. Pueden manipularse al igual que estas palabras. Solo las entienden quien vivo se esfuerza o quien sabe del poema, escondido entre sus letras. Y estas palabras ( o quizas lo vivido) son mias y pertenecen a Pedro Salinas, en uno de sus poemas de mi libro predilecto.
Largo Lamento. "Dos palabras por no decir lo siento"
Imagenes del centro de Lima, propiedad de Montserrat Pérez.